La luz del Bhāgavata
<< 2 El calor abrasador del Sol >>

El calor abrasador del Sol evapora agua de los mares, ríos, lagos y estanques y en todas partes hay poca agua. La gente siente sed y mira al cielo buscando lluvia, pero sin esperanzas. Sin embargo, justo en el momento oportuno comienzan a caer lluvias torrenciales por todas partes, aun sobre las piedras duras. Y la Tierra se inunda.

El Estado benefactor impone a sus ciudadanos diversas formas de impuestos abrasadores: impuesto a la renta, impuesto a las ventas, impuesto a la propiedad, impuesto a los terminales de transporte, impuesto al consumo, impuesto de Aduanas y tantos otros. Pero a su debido tiempo cuando se acumula una gran suma de dinero proveniente de los impuestos ésta se utiliza para el bienestar de los ciudadanos en formas diversas No obstante, a veces sucede que los beneficios provenientes de lo recaudado en los impuestos cae como lluvia sobre hombres de Estado que tienen corazón de piedra, incapaces de utilizar el dinero apropiadamente y que lo despilfarran para la complacencia de sus sentidos.

El hombre común cree que la distribución desigual de la lluvia representa la ira de la naturaleza por nuestros actos pecaminosos, y en un sentido esto es cierto. Por lo tanto, para tener una distribución equitativa de los impuestos recaudados por el Estado, los ciudadanos necesitan ser escrupulosamente honestos y virtuosos. Deben ser honestos con el pago de los impuestos al Estado y deben tener representantes honestos para vigilar la administración. En la moderna disposición de estados democráticos, los ciudadanos no tienen motivos para quejarse, ya que toda la administración es conducida por el mismo pueblo. Si el pueblo mismo es deshonesto, la maquinaria administrativa será corrupta. A pesar de que a un mal gobierno del pueblo se le dé un nombre bueno o elegante, si el pueblo no es bueno, no puede tener un buen gobierno, no importa qué partido maneje la administración. Por lo tanto, el buen carácter en la conciencia de la masa del pueblo es el principio más necesario para un buen gobierno y para la distribución equitativa de la riqueza.

Antiguamente los reyes recibían clases de filosofía política de parte de maestros ideales y, aldea por aldea, se enseñaba a los ciudadanos los principios de la autorrealización, de acuerdo con los códigos védicos para la elevación de la sociedad, tanto material como espiritual. En consecuencia, los ciudadanos eran conscientes de Dios y honestos en su conducta y los reyes eran responsables por el bienestar del Estado. Estos mismos principios básicos son aceptados por los gobiernos democráticos en la actualidad, ya que un partido político irresponsable siempre es destituido por votación y debe entregar el poder al partido responsable para un mejor gobierno. En la administración cósmica hay un solo partido, formado por los sirvientes de Dios y las deidades responsables de los diferentes planetas mantienen las leyes cósmicas de acuerdo con las órdenes del Señor Supremo. Pero el pueblo sufre a causa de su propia insensatez.

Y, ¿cuál es esa insensatez? En el Bhagavad-gītā se dice que la gente debe ejecutar yajñas, o sacrificios para la satisfacción del Supremo.* El Supremo es omnipenetrante. Por lo tanto, la gente debe aprender a ejecutar yajñas para satisfacer a la omnipenetrante Verdad Suprema. Existen diferentes yajñas prescritos para diferentes eras, y en la era actual de la industria del hierro, se recomienda el yajña que ilumina la mente de las masas para la conciencia de Dios. Este proceso de yajña se llama saṅkīrtana-yajña, o agitación de las masas para invocar la pérdida conciencia espiritual del hombre. Tan pronto como se siga este movimiento, con cantos, danzas y banquetes espirituales, la gente automáticamente se volverá obediente y honesta.

La obediencia es la primera ley de la disciplina. La gente se ha vuelto desobediente de las leyes de Dios y, por lo tanto, ni la lluvia ni la riqueza se distribuyen equitativamente. Un hombre que es desobediente no puede tener ninguna buena cualificación. Cuando son desobedientes los líderes que conducen a un pueblo desobediente, toda la atmósfera de la administración se contamina y se llena de peligros, tal como cuando un ciego conduce a otros ciegos. Por lo tanto, los impuestos del estado deben ser empleados para edificar el carácter de toda la gente. Esto traerá felicidad a los ciudadanos del Estado.

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